después de un tiempo de pintar sobre cerámica fabricada industrialmente, sentí la necesidad de hacer mis propias vajillas, para aportar un aire más artesanal a cada plato, fue así que tras un viaje a buenos aires y con ayuda de mi familia di forma al diseño ultramar, una vajilla de loza blanca hecha a mano, muy fina e intencionadamente imperfecta, que inauguró una segunda etapa en la marca, donde las piezas de fabricación propia tomaron el protagonismo y comenzaron a surgir numerosas colaboraciones con prestigiosos cocineros, diseñadores y decoradores